¿Por quién doblan las campanas?
“Terrorista” es el término con que se denomina a todo aquel, que para alcanzar un determinado objetivo o consolidarlo, se vale de su capacidad para infundir y/o difundir el miedo o el terror. Este miedo o terror “colectivo”, adecuadamente instrumentado, tiene por finalidad influir en las decisiones de los “destinatarios” de tales acciones, de diversas maneras, que pueden ir, desde la disminución de la voluntad de lucha de un determinado pueblo nación involucrado en una contienda bélica, hasta la sutil manipulación de todos los resortes que motivan y movilizan la opinión pública, elemento, este último que juega un importantísimo papel en las sociedades democráticas occidentales, con el objetivo de alcanzar o consolidarse, en una determinada posición de privilegio, que luego le permita, al “terrorista”, controlar y manipular el resto de la sociedad.
El terrorista puede ejercer sus acciones de diversas maneras, que van desde las acciones directas de extrema violencia hasta las campañas de acción psicológica menos obvias pero de similar o incluso mayor eficacia. Existe el terrorismo “clásico”, aquel que siembra el terror social, mediante el ataque salvaje e indiscriminado de una determinada sociedad, existe el terrorismo “económico” que mediante maniobras financieras y de propaganda, actúa sembrando el miedo y la inseguridad en un determinado sector social, que comienza a decidir y actuar, presionado e influido por la posibilidad del daño o pérdida de su patrimonio… en fin, existen tantos tipos o variantes del terrorismo como actividades humanas hay. Esto es así, porque el “terrorismo”, excede la definición de mera herramienta utilizada por personajes de dudosa ética moral, para constituirse como una autentica filosofía.
El terrorista aplicará en cada instancia de su vida, las modalidades que más le convengan en acuerdo con las circunstancias. El terrorista hace del miedo su principal arma y argumento. Este es el rasgo que lo define y caracteriza.
Nuestra nación y nuestro pueblo, han sido, sucesivamente, víctimas del terrorismo en todas sus variantes, pero siempre ejecutado por la solapada mano de los mismos artífices.
Los que ayer pretendieron establecer en nuestra Patria, la “dictadura del proletariado” ajustada al modelo del régimen castro-marxista y fueron derrotados por el conjunto de la sociedad y sus Fuerzas Armadas y de Seguridad en el terreno del “terrorismo clásico”, lograron doblegar, finalmente a esa misma sociedad, que los repudió y derrotó, enfrentándola contra sus propias instituciones, mediante una campaña de propaganda “terrorista”que por su eficacia, no conoce parangón, en ninguna otra región del globo.
La propaganda terrorista, alcanzó con rapidez y eficacia, todos aquellos objetivos que no pudo alcanzar por la vía “clásica” de la acción armada directa.
Como demostró cabalmente, con su triste y patético final, el resentido mequetrefe y cobarde asesino de Rodolfo Walsh, esos tipejos tienen bastante más lengua que pelotas y les sienta mucho mejor la diatriba mendaz, que la viril contienda.
Sus herederos ideológicos, han demostrado también, con suficiente claridad, cuan lejos de sus discursos de barricada, se encontraban sus verdaderas intenciones. Ladrones inescrupulosos, lamentables burgueses de afrancesados modales, han evidenciado a la hora de gobernar la Nación, que son peores que cualquiera que les haya antecedido.
La única razón por la cual el pueblo argentino a soportado durante 26 años la lacra compuesta por esta nueva “aristocracia” que denominamos “clase política”, es gracias a la acción psicológica de propaganda, magistralmente ejecutada por los “terroristas de siempre”, que se ha instaurado en nuestra sociedad la idea del “cuco” militar… cualquier cosa es mejor, cualquier plato de asquerosa sopa debemos tragarnos…porque sino ¡viene el cuco! Así de infantiles somos los argentinos. Sin siquiera ponernos a pensar un poco “compramos” el paquete cerrado de la “Bendita Democracia”… con la que ya vimos que ni se educa, ni se come, ni se nada… y avalamos con nuestra desidia y falta de compromiso cuanto despropósito y desfalco han concebido y perpetrado los cleptócratas, que desde hace más de dos décadas, nos “desgobiernan” y roban a mansalva.
En el camino de nuestra historia, quedarán sembrados y olvidados, los huesos de miles de argentinos muertos por el hambre y la desnutrición, acribillados por la delincuencia común, que de “común” no tiene nada, por las epidemias de enfermedades “reaparecidas” como reaparecieron decenas de desaparecidos después que sus familiares cobraran suculentas indemnizaciones, miles de niñas desaparecidas en las redes “democráticas” del narcotráfico y la prostitución.
Un país saqueado y masacrado desde adentro, indefenso, con sus viejos soldados encerrados por haber cumplido cabalmente con su deber, con sus fuerzas armadas disminuidas y humilladas, con un pueblo que ahora si que puede sentirse “orgulloso” de que las cosas seguirán cambiando, para que nada cambie…
Compatriota, si Ud. tiene la “sensación” de que existe inseguridad, si Ud., tiene la “sensación” que le están robando su presente y su futuro, si Ud., tiene una “sensación” de “miedo” por la salud, el futuro, la educación y la integridad física de sus hijos. Yo le digo, sin temor a equivocarme, que lo suyo no es una “sensación”… realmente lo están cagando.
Los argentinos, la inmensa mayoría de los cuarenta millones, hemos sido víctimas del “estado de terror” inventado y difundido por la “clase política profesional” para consolidarse en el poder, pero no hemos sido víctimas inocentes, nosotros, la inmensa mayoría, le dimos la espalda a todos aquellos que en el pasado, nos libraron temporalmente, de esta plaga… ahora es demasiado tarde para llorar. Que Dios y nuestros mayores nos perdonen por haber perdido cada uno de los laureles que ellos supieron conseguir.
