Una de las principales aspiraciones de Vladimir Soloviov, que conocía bien la oración que Cristo dirigió a su Padre durante la última Cena (cf. Jn 17, 20-23), era la unidad de la Iglesia.
Formado desde su más tierna infancia en la profunda espiritualidad ortodoxa, vivió diferentes períodos culturales, durante los cuales pudo familiarizarse con el pensamiento filosófico occidental. Pero, defraudado por las respuestas incompletas que la reflexión humana daba a los interrogantes que atormentaban su corazón, en 1872 volvió a la fe cristiana de su infancia.
Su pensamiento, apoyado en la sabiduría de Dios y en los fundamentos espirituales de la vida, así como sus intuiciones concernientes a la filosofía moral y al sentido de la historia humana, han influido en el rico florecimiento del pensamiento ruso contemporáneo, y han repercutido igualmente en la cultura europea, favoreciendo un diálogo fecundo y enriquecedor sobre algunas cuestiones fundamentales de la teología y la espiritualidad… LEER MÁS
