
Contrariamente a lo que en principio puede parecernos, los sucesos ocurridos en Honduras tienen un lado positivo, un lado que la prensa nacional e internacional se ha negado sistemáticamente a comentar y analizar.
Este lado, ni más, ni menos, es el verdadero rol, que la nueva sociedad de la información: materialista y globalizada, le asigna, a la voluntad y soberanía populares, en las naciones, que han adoptado formas de gobierno republicanas y representativas.
Una suerte de sacralización de la autoridad derivada del sufragio, en particular de la figura del ejecutivo, parece eclipsar el vital equilibrio de poderes, que hasta un pasado no muy lejano, constituía el más sólido argumento que esgrimían los demócratas del mundo, para destacar las virtudes del sistema.
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